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CAMPAÑA DE ORACIÓN POR LA PAZ Y LA JUSTICIA
PARA COAHUILA Y PARA MÉXICO
A todos los miembros de la Diócesis de Saltillo
A todas las personas de buena voluntad

 

Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por quienes gobiernan y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible en el respeto a la ley de Dios y amor al prójimo, como corresponde a nuestra dignidad. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad.  (1 Tim 2,1-4)

Muy queridas hermanas. Muy queridos hermanos:
Les saludo con afecto y pido a Dios por todas y todos ustedes, quienes viven en esta región de Coahuila que comprende la Diócesis de Saltillo; que entre nosotros, en la Iglesia y en la sociedad, reine la paz y el amor que Dios ha derramado en el mundo, por medio de la muerte y resurrección de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Quiero hacer llegar a ustedes, a través de todas las estructuras comunitarias y de comunicación de la Diócesis, una oración por la paz y la justicia, pidiendo a Dios estos dones para Coahuila y para México, por medio de la intercesión de la Santísima Virgen María.
Dicha oración está inspirada en una oración del siempre recordado Juan Pablo II, misma que hemos adecuado a nuestro contexto actual. Que ella y el texto de la Primera Carta de San Pablo a Timoteo que he querido poner como introducción a estas palabras que les estoy dirigiendo, conmuevan nuestro espíritu para elevar nuestras oraciones a Dios, ante la oleada de violencia y muerte, de inseguridad y angustia, que está afectando la vida de toda sociedad mexicana.
Conocemos bien que estas condiciones lamentables tienen su origen en los grupos identificados con el término genérico de “delincuencia organizada”. Tales grupos operan con la colaboración de personas de la sociedad que han aceptado corromperse y que proceden de distintos sectores sociales.
No solamente quienes están colaborando activamente en el crimen organizado tienen responsabilidad en la violencia que vivimos, sino también somos responsables quienes permanecemos pasivos, sin hacer nada para remediar tal situación. Todos necesitamos una conversión profunda hacia Dios. (Cf. Mt 25, 31-46).
Escuchando la exhortación de San Pablo en la primera carta de San Pablo a Timoteo, de elevar a Dios “plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por quienes gobiernan y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible en el respeto a la ley de Dios y amor al prójimo, como corresponde a nuestra dignidad”, propongo a ustedes esta oración por la paz y la justicia, para la transformación del corazón y las acciones de quienes se han integrado a las familias de criminales y grupos delictivos, y por los miembros de sectores públicos, privados, financieros y sociales, que analizan, aconsejan y toman decisiones, para que éstas sean en bien de la vida, la paz y la justicia para todos los seres humanos sin excepción, con la intercesión de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe.
Los exhorto a que tal oración se haga en la familia, en los templos parroquiales, en las rectorías, en las capillas, al terminar las misas o cualquier otra acción litúrgica comunitaria. También se puede decir cuando los grupos se reúnen por las casas, en los barrios, en las capillas y en nuestros templos, en las reuniones de los Grupos Apostólicos y las Asociaciones, sea para orar juntos, sea para reflexionar la palabra de Dios, sea para estudiar y/o planear sus apostolados. Deseo que esta oración se haga en los Colegios e instituciones educativas católicas, en las casas religiosas, en el Seminario y en todos los espacios donde se reúnen los bautizados por distintos motivos.
La oración se ha impreso en una presentación que permite llevarla consigo, para que en cualquier momento del día, personalmente o en grupo, las personas que lo deseen, puedan elevar su mente y su corazón a Dios, por la intención que tiene la oración.
Dice San Pablo que el Espíritu Santo viene en apoyo de nuestra debilidad para ayudarnos a orar como conviene, y entrar en sintonía con los deseos de Dios para nosotros (Cf. Rm 8,26-27). De un modo especial le pedimos a Él que nos ilumine para disponernos y animarnos a encontrar juntos los caminos que nos conduzcan a la paz y la justicia.
Por medio de la oración buscaremos la conversión que todos necesitamos para entrar en comunión con el Dios de la vida, del amor y de la justicia, y construir como hermanos y hermanas, guiados por Su Espíritu, una sociedad sin muerte y sin violencia, libre de injusticias y de todo lo que daña la vida humana.
Con la decisión firme de servir a la paz y al amor entre nosotros en Coahuila y en México, como Diócesis de Saltillo, unidos a los hombres y las mujeres de buena voluntad, les saludo en Cristo y les bendigo de todo corazón.

Saltillo, Coah., 10 de noviembre de 2008

 

Fr. Raúl Vera López, O.P.
Obispo de Saltillo

 

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