Diócesis de Saltillo

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HISTORIA

Acción pastoral: 120 años

 

Acción pastoral: 120 años

El reto: responder a la realidad social en cada momento histórico

Cuatro etapas muy significativas donde se muestran los obstáculos y logros de una iglesia local que busca hacer vida el Evangelio a través del Plan de Pastoral

Como la Iglesia misma, la Diócesis de Saltillo ha buscado responder en cada etapa a las necesidades sociales de su feligresía, algunas veces en tiempos de verdadera polémica y ataque a sus estructuras. Esta, ha sido la constante de 120 años de labor pastoral según explica el padre Francisco Javier Rodríguez Trejo, Vicario de Pastoral en la Diócesis de Saltillo.

Antes del Concilio Vaticano II

Desde la erección de la Diócesis en 1891, Saltillo ha pasado por cuatro etapas fundamentales: la primera, anterior al Concilio Vaticano II, que estuvo caracterizada por la disciplina canónica, la centralidad de la jerarquía, la infalibilidad del Papa, la insistencia en la ortodoxia de la doctrina y la eficacia de los sacramentos y la postura apologética frente al protestantismo. La acción pastoral de la diócesis estuvo regida principalmente por  los cuadros de la Acción Católica que impulsaban fuertemente la obediencia al Papa y el apostolado de los laicos, a quienes se consideraba como “el brazo largo de la jerarquía”.

Un esquema militar de guerra al protestantismo y al racionalismo hizo que la Iglesia cerrara filas para inculcar su doctrina en las conciencias de sus fieles. La adoración eucarística y la misa entendida sobre todo bajo el aspecto de sacrificio expiatorio marcaron la vida cultual y la piedad de los fieles, aunadas al respeto sacral por el uso del latín. La figura del sacerdote era predominante, especialmente la del párroco como rector único de la acción pastoral.

La publicación de la Carta Encíclica “Rerum Novarum” del papa León XIII (15 de mayo de 1891) que trata sobre la situación de los obreros, y la celebración del Primer Concilio Plenario Latinoamericano (Roma 1899) que, al decir de Mons. Andrés Madariaga, fue  "la primera gran tentativa de integración de la Iglesia en el Continente y el punto de partida de la edad pastoral adulta de la Iglesia latinoamericana", ocasionaron que aspectos sociales de gran actualidad como el protagonismo social de los laicos, la defensa de los derechos de los obreros y el problema migratorio, aparecieran en la agenda de la Iglesia Católica en respuesta a las demandas de sus creyentes. En América Latina el Episcopado Latinoamericano hizo suyas acciones a favor de los migrantes, los pobres y los obreros. En Saltillo, Monseñor José María Echavarría se dedicó a crear escuelas y centros educativos para la enseñanza religiosa de los niños, las familias pobres y las personas ignorantes.

En vísperas de una Iglesia renovada

La segunda etapa llegaría poco antes del Concilio Vaticano II, continuaría durante su promulgación y se conservaría poco después de éste. Con marcada efervescencia evangelizadora comenzaron a surgir movimientos que impulsaban la importancia de la lectura de la biblia, la importancia de la eucaristía, la organización de los laicos y un ministerio sacerdotal más cercano a la vida del pueblo. El Obispo Luis Guízar Barragán era un fiel seguidor de todo lo que se aprobaba en el Concilio, a él tocó la implementación del idioma español en la misa, la utilización de instrumentos musicales en las celebraciones, la apertura de la participación de los laicos y las celebraciones con el sacerdote de cara al pueblo. Pero modificaciones de trascendencia como la evangelización ya no centrada en la doctrina, sino en la vida misma, acarrearon enfrentamientos en todo el mundo, incluyendo Coahuila, donde los conservadores se oponían a acatar los nuevos términos.

Hubo entonces polémica en contra de Teología de la liberación, de Comunidades Eclesiales de Base y de iniciativas para responder a situaciones de pobreza. Desde la cúpula empezó la represión, hostigamiento y persecución ideológica; el efecto fue neutralizar todo movimiento e impulso pastoral en estas áreas.

Un Plan sin concretizar

Para los tiempos del Obispo Francisco Villalobos Padilla, la que se considera una tercera etapa ya estaba en marcha. Bajo el impulso renovador de los documentos del Concilio Vaticano II, se celebraron las grandes Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano en Medellín, (Colombia), Puebla (México) y Santo Domingo (República Dominicana); en América Latina se asumió el reto más trascendente de la época: la pobreza y el sustrato de la fe católica de nuestro pueblo. Así, en la Diócesis de Saltillo se promulgó el Primer Plan Pastoral en Sabinas, Coahuila (noviembre de 1989), que contemplaba las tres Tareas Fundamentales y abarcó la pastoral profética, litúrgica y social con sus diferentes vertientes de acción y de formación.

Dicho plan estuvo vigente de 1990 a 1995, año en que se revisó y amplió para elaborar el Plan Pastoral de Prioridades, agregando la pastoral familiar, la pastoral juvenil y la formación de los agentes. Lamentablemente faltó una programación específica y práctica, por lo que no llegó a concretarse más que en sus líneas generales y “cada sacerdote fue haciendo las cosas como Dios le daba a entender”. No hubo evaluaciones periódicas. Las Comisiones Pastorales sólo cubrían necesidades del momento. La Pastoral Social no logró una aplicación real porque todavía a esas fechas había una resistencia a ligar el evangelio con la justicia social, además de que fue recibida con sospecha y temor por quienes deberían implementarla.

No todo fue fracaso, entre los logros estuvieron el asentamiento de la conciencia ministerial del clero después de la desbandada, la moderación en la liturgia que antes tuvo muchas expresiones variadas y exageradas, así como una mayor conciencia de los laicos, su condición, su naturaleza y su misión en la iglesia. Se crearon los Consejos de Pastoral en las parroquias y la Diócesis quedó organizada en 5 Vicarías: la Urbana (Saltillo), la Siderúrgica, la Carbonífera, la Fronteriza y la del Desierto.

Laicos y jerarquía con el Plan de Pastoral

Se considera la cuarta etapa en los planes pastorales de la diócesis con la llegada del actual Obispo José Raúl Vera López, es decir, la época post jubilar del 2000 a la fecha; a don Raúl Vera le beneficia el fervor del Concilio Vaticano II, los documentos pontificios, las conferencias episcopales latinoamericanas y documentos episcopales como “Del Encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con Todos”; pero sobre todo, asume con seriedad un plan orgánico de pastoral, donde no solamente se evaluarán determinadas tareas sino la globalización.

Los frutos desde cuando asume el pastoreo de la diócesis hasta ahora han sido: una conciencia activa del laicado hacia una fuerte crítica “que podríamos llamarle como la emancipación de los laicos”, terminar el plan orgánico ya previsto por los sacerdotes y clamado por los laicos en el Congreso Eucarístico del 2000, cuando pidieron una renovación total de la vida pastoral diocesana. Las estructuras de comunicación y participación, darle paso a la espiritualidad de la comunión y el diagnóstico pastoral; éstas son tareas que se llevaron 10 años; mientras que el plan orgánico con objetivos a largo, mediano y corto plazo, los cinco niveles que lo contienen y 25 comisiones, constituyen la primera parte que se inauguró el 21 de marzo de 2011.

Los retos del Plan

Los retos en esta última fase son dos: en el aspecto social cómo enfrentar la corrupción, la violencia, la inseguridad, la pobreza, la desintegración familiar y la crisis de identidad en los jóvenes; “y eclesiales porque todavía no entramos en una comunión de pensamientos, intenciones y criterios a nivel de presbiterio; todavía los laicos caminan en gran medida bajo la tutela del clero; a pesar de que somos una iglesia más pequeña porque ya Piedras Negras se desprendió de nuestra diócesis, aún no avanzamos a ser una fuerza común, nos ha llevado tiempo el logro de una identidad diocesana”, apuntó.

A decir del padre Francisco Xavier, aún se observa también un distanciamiento entre las diferentes congregaciones de la vida consagrada y los planes de la diócesis. Es más, aún entre ellos. Por lo anterior consideró que son estos otros retos que aún no han sido superados, pues es necesaria la  inserción de la vida consagrada en una acción orgánica de la iglesia diocesana, “todavía nosotros, menos ciertamente que antes, pero todavía vemos un distanciamiento entre las diferentes congregaciones de vida consagrada y los planes pastorales de la diócesis, y entre ellos mismos también hay ese distanciamiento; no hay una cohesión, falta una presencia fuerte de la vida consagrada como fuerza común. Sólo tenemos dos reservas carismáticas en la Iglesia: uno son los  movimientos apostólicos, que tenemos muchos y muy variados; y otros son las congregaciones masculinas y femeninas de la vida consagrada, pero que todavía no alcanzan a hacerse visiblemente presentes en la definición de los planes diocesanos”.

Señaló que hay confianza en que el plan pastoral llevará a esta identidad, y entre los aspectos que ayudarán está el Periódico Diocesano, que servirá para que se tiendan puentes entre las hoy tres diferentes regiones de la diócesis “yo creo que este órgano informativo va a ayudar mucho”, recalcó.

Evangelización integral

No obstante, hoy más que en ningún otro período, la participación de los laicos ha llevado a la Iglesia a renovarse y replantear la forma en que se ejerce la evangelización. Nos hemos comprometido por una Evangelización integral y permanente que dé respuestas a los desafíos del momento histórico que vivimos; nos hemos comprometido por hacer que todos los bautizados se conviertan en verdaderos sujetos responsables de la evangelización de sus ambientes; nos hemos comprometido por darle a nuestra Iglesia el rostro de Pueblo de Dios que vive la comunión al interior de su fronteras, pero que se proyecta decididamente en una pastoral misionera hacia afuera de sus fronteras para transformar radicalmente la realidad de la Región mediante los valores de la justicia, la verdad y la paz. El Plan Diocesano de Pastoral pretende responder en todos los frentes a las exigencias que la propia grey católica le demanda.

Crédito

Petra Rocha

 

 

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