En el nombre de Dios y de la Iglesia, pedimos respeto al valor sagrado que representa la Eucaristía
Que el Señor nos perdone por haber maltratado su Cuerpo, en su Sagrario, y en la persona de nuestras hermanas y hermanos privados de libertad
Las puertas del CERESO Varonil se abrieron. Afuera, cientos de feligreses cantaron a Jesús Sacramentado. Adentro algunos internos, sin saber lo que pasaba, miraron al pequeño grupo de diez personas que caminó con las Hostias Consagradas rumbo a la capilla. Con el canto como parte del ritual, se postraron ante el altar, donde depositaron el copón y la Custodia.
Fue el obispo de la Diócesis de Saltillo, Fray Raúl Vera López, quien dirigió la pequeña oración del Padre Nuestro y el Ave María. Algunos internos llegaron para acompañar y meditar. No hubo explicación alguna, sólo seguir los pasos que la liturgia indicaba para estos momentos. Con la puerta del Sagrario abierta, don Raúl emitió una oración de acogida a Jesús Sacramentado que una vez más se quedó en ese lugar. Bendijo el Sagrario y después introdujo el copón con las Hostias Consagradas. Ahí estaba otra vez. Listo para que, quien deseara acercarse, lo hiciera con toda confianza como se había hecho hasta antes del sacrilegio.
La profanación
El día de la profanación, el 23 de enero, autoridades policiacas, tanto federales como estatales, llegaron de madrugada y destrozaron los candados de todas las puertas. No se salvó ni uno. Ni siquiera donde estaban guardadas las Hostias Consagradas.
Forzaron el Sagrario, “había hostias regadas en él. Pensamos que vaciaron el copón y se les cayeron porque estaban llenas de tierra”. Esto fue un sacrilegio.
Para reparar el daño, cientos de católicos se reunieron a un costado del CERESO Varonil de Saltillo y pidieron perdón por el agravio.
Sacerdotes, religiosas, personas de la vida consagrada, laicos, laicas, llegaron hasta el lugar indicado para participar en la celebración de desagravio. Fue el viernes 27 de enero.
Desde ese terreno donde el polvo y el sol fueron compañeros indiscutibles, don Raúl alzó la voz por la profanación hecha al Cuerpo de Jesucristo, símbolo también de la profanación a hombres y mujeres privadas de su libertad.
Ahí emitió un saludo y les recordó el objetivo de estar presentes: “La razón por la que estamos aquí esta mañana es nuestro amor al prójimo... de manera muy particular nos une ver el rostro de Cristo en nuestras hermanas y hermanos internos…”.
En el nombre de Dios…
Monjas de la Orden de las Adoratrices, sacerdotes conscientes de la realidad que se vive en Saltillo, laicos y laicas de movimientos diocesanos, escucharon la homilía del obispo quien dijo: “La vejación que Cristo sufrió en el sagrario de la capilla del CERESO Varonil de Saltillo, no es más que un signo evidente de las profanaciones que cada día Él está sufriendo, no sólo en Saltillo, sino en muchos otros CERESOS de nuestro país”.
Hizo ver que la situación en los CERESOS es grave por la violación de los derechos humanos que ahí se vive: “ Nadie de nosotros ignora que la vida para nuestras hermanas y nuestros hermanos presos en los penales de la República, es muy difícil ante el incumplimiento de normas y derechos que se les deben garantizar aún estando presos. La corrupción y el desorden que imperan en este momento en la sociedad mexicana, también ha invadido el interior de estos lugares”.
Con voz firme acentuó: “Esta Eucaristía de desagravio de Jesús profanado en la Eucaristía, y el perdón que le pedimos por este delito, incluye también nuestra intención de desagraviar ante Jesús todas las faltas de respeto y todas las injurias que Él personalmente recibe en cada una de las personas presas”.
Hizo referencia al abuso de la autoridad, quien no respetó el espacio sagrado donde Jesús está presente, por lo que cuestionó: “Si eso se hace con el Creador de la persona humana, y si eso se hace con el Hijo de Dios que se hizo Hombre, por salvarnos, nos preguntamos ¿qué no se hará con nosotros que somos pobres criaturas limitadas, a quienes se nos conculcan nuestros derechos por el abuso del poder, ignorando y pasando por alto los derechos humanos que brotan de nuestra dignidad?
Ante la violación a la libertad religiosa de todo un pueblo, el Obispo de la Diócesis de Saltillo hizo un enérgico llamado a las autoridades: “En el nombre de Dios y en el nombre de la Iglesia, exigimos a las autoridades federales y estatales, el respeto al valor sagrado que representa la Eucaristía para todos los católicos de este país y del mundo”.
Conminó a los que ostentan el poder a ser portadores de justicia: “De la persona de Jesús viene la recuperación de la dignidad de todos los seres humanos, que significa la recuperación de nuestra libertad, la recuperación de nuestros derechos, y que significa, por lo tanto, la recuperación de la justicia, que es el único camino para llevarnos nuevamente a la paz”.
Finalmente invitó a todos los reunidos a pedir perdón y a solidarizarse con las personas internas: “Que el Señor nos perdone por haber maltratado su Cuerpo, en su Sagrario, y en la persona de nuestras hermanas y hermanos privados de libertad, y también en quienes atienden a las personas detenidas, y que son víctimas de una multitud de presiones”.
Procesión
Al terminar la Eucaristía, don Raúl Vera invitó a todos y todas a unirse en procesión. Poco a poco empezaron a caminar rumbo al CERESO Varonil, a unos metros de donde se realizó la celebración.
Dos sacerdotes, una monja, varios laicos y laicas se introdujeron a la prisión mientras que la demás feligresía se quedó afuera en solidaridad con los presos.
Mientras adentro se depositaban las Hostias Consagradas en el Sagrario, afuera las personas se dispersaron hasta quedar vacía la entrada.
María Eugenia Arriaga Salomón
Fotografía: Fernando Hernández