| Nuestra Catedral | |
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Orígenes de la Catedral de Santiago
Cuando en 1591, De Urdiñola, Gobernador de la Provincia de Nueva Vizcaya a la cual pertenecía Saltillo, trajo a la villa a los indios tlaxtaltecas con los que fundó el poblado de Nueva Tlaxcala, inmediatamente se les encomendó levantar el convento y el templo de San Esteban, auspiciados por los padres franciscanos.
Y no fue sino hasta 1745 cuando, a iniciativa del señor cura Felipe Suárez de Estrada, inició la construcción de una nueva parroquia, una gran edificación digna de Dios y de su culto, que posteriormente se convertiría en la Catedral de Saltillo.
El 12 de octubre de ese año, luego de una solemne Misa en la que pidió ayuda al Señor en esta magna empresa, el párroco Suárez de Estrada salió al atrio y bendijo la primera piedra que colocó enterrando junto a ella “el tesoro” (tres monedas de oro en ofrenda a la Divina Providencia), simbolismo acostumbrado por los españoles en el inicio de todas las edificaciones.
Hecho esto, el cura procedió a trazar con cal blanca las líneas donde se situarían los muros del templo, según los planos acordados por él con el maestro de obras Nicolás Hernández. El templo se edificaría junto a la antigua parroquia de adobe.
Trabajaban en la obra 270 operarios entre albañiles, picapedreros, cargadores, herreros, labradores de cantera y carpinteros, todos unidos en su afán de dar gloria a Dios convirtiendo en realidad los planos de la Iglesia.
Por fin, luego de 55 años de labor, la construcción quedó terminada. El 21 de septiembre de 1800 el nuevo templo fue dedicado al Apóstol Santiago el Mayor, patrón de la Villa de Saltillo, y como padrinos los santos mártires San Juan Nepomuceno y San Esteban.
Inicialmente se le consideró como templo parroquial que, según los documentos de la época, excedía por mucho las necesidades de una población tan pequeña como Saltillo.
A finales del siglo XIX, la ciudad había registrado importantes progresos en lo económico y lo social, pero en lo eclesiástico seguía dependiendo de la Diócesis de Linares.
El Papa León XIII, viendo cómo se había incrementado la cantidad de fieles que dependían de la ya mencionada diócesis, emitió el 23 de junio del año de 1891 la bula pontificia lllud in Primis, decretando el establecimiento de la Diócesis de Saltillo que comprendía todo el territorio de lo que era el Estado de Coahuila.
Fue nombrado Obispo de la Diócesis su Excelencia don Santiago de la Garza Zambrano, designándole como sede el Templo de Santiago el Mayor, al que se le confirió el carácter de Catedral.
En el año de 1883 se inició la construcción de la torre, quedando al frente de la obra el Ingeniero Carlos Pérez Rodríguez. Hasta ese momento, el edificio constaba de un sólo campanario que sirvió de base a las columnas que formaban el cuerpo de la nueva edificación.
En 1887, tres años después de iniciada la construcción, la torre quedó terminada. Sólo faltaba colocar la enorme cruz de hierro, símbolo de la cristiandad, que le servía de remate. Tan peligrosa empresa fue ejecutada por Magdaleno Martínez, uno de los peones de la obra, que se ofreció a realizarla.
Ya tenía Saltillo su Catedral, la más alta de la provincia mexicana, que con su basta superficie arquitectónica, su imponente torre y su magnifica fachada barroca, convertida en una de las más bellas construcciones de su género en el país.
La simbología de la Catedral
En arquitectura religiosa cada uno de los elementos de una edificación obedece a un profundo significado o una función especifica en el empeño del rito.
En el caso de la bella Catedral de Santiago de Saltillo, sus detalles manifiestan ese profundo simbolismo teológico y responden a un fin litúrgico cultural predefinido.
Su conformación de oriente a poniente, tradición que se conserva desde los primeros tiempos del cristianismo, simboliza el ofrecimiento de “un sacrificio puro y sin mancha desde que sale el sol hasta el ocaso”.
Su estructura horizontal presenta una planta de “estilo cruciforme”, en la que la espaciosa nave central corresponde al eje vertical de la cruz y las naves laterales a los brazos de la misma. La cabecera está representada por el altar mayor.
En sentido vertical se observa que el punto más alto de la cúpula, con su linternilla, corresponde exactamente con el punto central del altar donde tiene lugar la celebración eucarística. Con ello se simboliza la unión perfecta entre Dios y el hombre.
En el altar principal, dedicado al apóstol Santiago el Mayor, se abre una cúpula con una iconografía representativa de la Historia de la Salvación.
En la parte más alta, la imagen del Padre Eterno preside todo el ámbito del templo.
En forma descendente, como del Cielo a la Tierra, se desarrollan una serie de alegorías en las que se representa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Más abajo, los coros de los ángeles, los patriarcas, los mártires y confesores; y enseguida los cuatro evangelistas, cada uno esculpido en su pecina correspondiente.
La fachada
Desde el punto de vista arquitectónico, la fachada de Catedral presenta tres estilos que, lejos de contraponerse, forman un conjunto armónico de gran belleza.
La Capilla del Santo Cristo muestra las características de las construcciones religiosas novohispanas del siglo XVIII, con sus reminiscencias platerescas y barrocas, desplegadas en el inconfundible arte mudéjar de su torre y la ornamentación con detalles populares en las cornisas y los marcos de ventanas.
La fachada principal de la Catedral, imponente muestra de arte barroco, cuenta con una réplica del altar mayor que existía originalmente. Sus elementos de ornato, esculpidos en cantera, dan fe del talento artístico de los maestros que intervinieron en su realización. Sus columnas parecen olvidar su función de sostén, para engalanar el conjunto con guirnaldas y hojarascas, que atraen la atención y la dirigen hacia sus nichos profusamente adornados aunque carentes de imágenes.
Un detalle singular que cabe señalar es la escultura de la Virgen de Zapopan en la columna derecha de la puerta, que tiene como explicación probable el que los canteros y talladores de la fachada, provenientes en su mayoría de Jalisco, quisieron dejar la presencia de su patrona como un testimonio de fe.
El portón principal, una obra de ebanistería, fue tallado por el maestro Ángel Gadín (a quien se deben también el púlpito y la puerta del bautisterio), que colocó en él las imágenes de San Pedro y San Pablo. Pese a más de 200 años de existencia, se conservan en excelentes condiciones. Sobre el portón se localiza la tiara pontificia sostenida por dos ángeles, emblema del arte de la Contrarreforma; y encima de ella la Concha del Apóstol Santiago, motivo repetido en toda la edificación. Un ventanal de trabajada herrería colonial equilibra el centro del frontis de estilo churrigueresco, que en su parte superior manifiesta los datos de su construcción, la dedicatoria y el costo de la obra. En su parte más alta, la fachada presenta volutas sobre las que surgen, coincidiendo con las columnas inferiores, seis remates en forma de llamas que le dan un acabado en total perfección. La torre, elegante y majestuosa, es de estilo neoclásico. La dimensión creciente de sus arcos es un recurso para compensar la perspectiva hacia la altura y culmina en un remate en panal de estilo mozárabe sobre el que se afianza la imponente cruz de hierro, símbolo de esta Catedral. La cúpula muestra una estructura octavada, con una crestería que brota de los cuatro contrafuertes, cada uno con un niño centinela en lo alto. Las cornisas y frisos de la cúpula se ven adornadas con grecas de compleja creatividad indígena, que le confieren una belleza incomparable. Sin lugar a dudas, la Catedral de Saltillo es una magnífica obra de arte.
Los tesoros artísticos de la catedral
La Catedral de Santiago el Mayor guarda también invaluables tesoros artísticos -en pintura, escultura y orfebrería- que dan muestra de la devoción y el fervor de los saltillenses, deseosos de convertir la Casa de Dios en un verdadero remanso de belleza y armonía. En este aspecto sobresale la valiosa colección de 45 pinturas de temas religiosos, incluidas las 14 estaciones del Vía crucis, provenientes de Bélgica, siendo la mayor parte de ellas óleos sobre tela. Los espléndidos lienzos de don José de Alcibar, pintor del período virreinal, son de importancia indudable. Entre sus cuadros más destacados encontramos el de “La Sagrada Familia”, colocado en la parte superior del Altar de San José; el de “La Virgen de Guadalupe y sus apariciones”, colocado en la estancia de los que fue el antiguo Baptisterio; y el de “la adoración del Niño Jesús”. Otras obras de inmensurable valor son las pinturas de “La Virgen del Carmen” y “La Virgen del Rosario”, que según opinión de los expertos, pueden atribuirse a Cabrera o algunos de sus discípulos más cercanos. De innegable estima son también diversas pinturas del periodo de la colonia, entre las que pueden considerarse “El tránsito de San José”, el que representa a “La Santísima Trinidad”, el de “Las cruces de Jesús”, “La Dolores”, y “La Virgen de Saeta”, cuadro de origen popular. Los dos retablos laterales de la Catedral son considerados insuperables: el de San José al sur y el del Sagrado Corazón al norte.
Ambos están tallados en madera con un estilo profusamente barroco, en la que sobresalen una multitud de columnas salomónicas rematadas cada una por la Concha del Apóstol Santiago. Los nichos de ambos retablos muestran una gran variedad de delicadas figuras talladas en madera, muchas de ellas provenientes de España. Mención aparte merece el más reconocido de los tesoros artísticos de la catedral: el célebre frontal de plata del Altar de San José. El frontal es una obra de plata repujada, realizado a mediados del siglo XVIII, cuyas cualidades le han valido el ser considerado como “el más bello ejemplo de frontales de plata de todo el Continente Americano”. Por el espléndido trabajo que encierra, el frontal fue seleccionado dentro de la colección de Arte Sacro Mexicano que se exhibió durante 1990 y 1991 en diversas ciudades de los Estados Unidos. Aunado al frontal se encuentran dos atriles tallados en plata que servían para la Liturgia de la Palabra cuando se oficiaba desde ese altar. El frontal del altar del Sagrado Corazón, aunque menos elaborado, es también de notable mérito artístico.
Por otro lado, La Catedral cuenta con espléndidos objetos de arte sacro trabajados magistralmente por maestros orfebres, quienes dejaron vestigios de su arte en cálices de celebración, custodias, ciriales y acetres trabajados en materiales preciosos con incrustaciones de pedrería. Por último, la Catedral tiene en su haber un monumental órgano tubular alemán, adquirido en Frankfurt a principios del siglo, y restaurado en el año de 1987. Descripción del altar mayor: elaborado de madera de pino sobredorado; el trono es de plata con fondos verdes, de 21 varas de alto con 13 de ancho; su costo fue de 12,000 pesos. En él encontramos la imagen de San Pedro, con pontificales de damasco carmesí; y la de San Ignacio de Loyola con hábitos de paño de primera. La de San Francisco Javier bien proporcionada; Santiago el Mayor en su trono, imagen de escultura preciosa, traída del reino de Guatemala con báculo y guaye de plata. Nuestra Señora de Guadalupe, preciosa pintura, en lo más alto, en su trono -Se refiere sin duda a la pintura de Las Apariciones de la Virgen de Guadalupe, obra del consumado pintor José de Alcibar, recientemente restaurada y colocada en el baptisterio-; el trono del Santísimo Sacramento, con dos cristales de frente y un espejo; el frontal de tisú blanco; las cortinas del mismo material. Sobre el Sagrario existe una imagen de Cristo, de a tercio, de marfil embutido de oro en el pedestal, con venera de Damasco encarnado floreado, con corona y clavos de plata. Los ocho candiles representan una buena figura. Se cuenta también con la tarima y gradas de piedra labrada, enlosada: barandillas de madera maqueada de verde (el maque es una laca: “maquear” significa adornar con laca un objeto) con tres pedestales de canal unidos a ella. Además, en la barandilla había dos pequeñas tablas que contenían las indulgencias de la Bula de las Cruzadas.
El altar de San José se termino en 1806 con un costo de 2,400 pesos. Es de madera de pino, dorado, con fondos verdes. La cofradía del Señor San José gastó 500 pesos en las imágenes de San Andrés, San Antonio de Padua, San Gregorio el Grande, Santiago el Mayor con diadema y guaje de plata. El Señor San José con vara de plata, una pintura de la Santísima Trinidad; Nuestra Señora del Refugio, con marco dorado. El piso es de piedra labrada. El altar colateral de Nuestra Señora de los Dolores tiene figura de medallón, de madera de pino sobredorado de oro, con puntas verdes matizadas de flores amarillas; un trono de Nuestro Señor Crucificado con San Juan y Santa Magdalena a los lados. El trono de abajo es adornado por la imagen de nuestra Señora de los Dolores, obra de Guatemala, donada a ésta iglesia por el Señor Gobernador de la Sagrada Mitra, Dr. D. Antonio Bustamante, esta escultura tenía ricas alas de oro y plata, las cortinas que estaban al fondo eran verdes de tisú de oro, guarnecidas de galones de oro y flecos de lo mismo. Este altar costó 980 pesos. El altar de la Santísima Trinidad es de madera de pino labrada, dorada, con fondos encarnados. El costo del altar fue de 2,800 pesos incluyendo un legado antiguo de 300 pesos. Este altar tiene un óvalo sobredorado: en él una pintura en láminas de metal de la Trinidad.
Había también un trono del Divino Salvador, una escultura sumamente fina con potencias de plata sobredorada, y en su mano izquierda un mundo con cruz, enteramente de plata... El altar medio colateral de Nuestra Señora de la Soledad es de madera de pino blanqueado, con un semicírculo de 16 santos con pequeños marcos dorados. El trono de arriba se engalana con la imagen de Nuestro Señor Resucitado, de hechura antigua. También existía un cuadro dorado, antiguo, de San Jerónimo Penitente, en medio de un trono de Nuestro Señor Jesucristo para el descendimiento, con corona y clavos de plata, ricamente arreglado, cortinas de Damasco encarnado con flores de oro. El altar de las Benditas Ánimas, con sus columnas, tiene la forma de medallón dorado. Tiene un lienzo antiguo de Nuestro Señor Jesucristo, otro de Nuestra Señora del Carmen y las Ánimas, que data de 1719. Así también había una pintura de San Agustín y una hermosa escultura de Nuestro Señor Jesucristo.
El altar dedicado a San Rafael Arcángel se distinguía por sus pinturas. En la parte de arriba había tres arcángeles, en medio una pintura de Nuestra Señora del Carmen; al lado derecho, el Señor San José; al izquierdo, San Juan Nepomuceno, al igual que la escultura del arcángel San Rafael. La puerta del costado es de pino y sabino, con cerrojos y clavos de fierro y tachones de bronce. Es de seis varas de alto por tres de ancho. El costo de está puerta fue de 200 pesos. La puerta del frente tiene 7 varas de alto por 5 de ancho, de madera de pino sabino tallada. En ella encontramos dos pequeñas esculturas de San Pedro y San Pablo. La puerta que divide a la parroquia de la Capilla del Santo Cristo es de pino con dos frentes: tuvo un costo de 200 pesos siendo de casi 4 varas de alto por 5 de ancho. El baptisterio se divide de la nave de la iglesia por una reja de pino de dos hojas. Tiene 6 varas de alto por 3 de ancho. El púlpito es de madera de pino, dorado y con esmaltes de colores, bien proporcionados, con torna voz y una paloma de plata en la parte de arriba. Su costo fue de 300 pesos. El coro, que es bastante amplio, tiene la barandilla de madera tallada, de 13 varas de largo por una de ancho. El cementerio, lo que hoy es el atrio, tenia 52 varas de largo con 23 de ancho, tres gradas por el frente, dos por el norte y una por el sur, todas de piedra labrada y cinco almenas de lo mismo
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