Miércoles, 10 Marzo 2010
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El sistema económico “legal” excluye y oprime a los jóvenes
Miércoles, 02 de Septiembre de 2009 00:00   

Jesús curó al endemoniado de Gerasa; la Iglesia está llamada a llevar a cabo una tarea pastoral que cure a tantos jóvenes ahorcados por el narcotráfico

Para ilustrar desde el Evangelio la violencia que genera el crimen organizado, Fray Raúl Vera López, Obispo de la Diócesis de Saltillo, utilizó el pasaje del evangelio donde Jesús cura a un joven endemoniado.

En conferencia de prensa el pasado 2 de septiembre en el Claustro de Sor Juana en la ciudad de México, don Raúl explicó que de ese texto “concluyo que los espíritus inmundos de este hombre, sujeto por cadenas y grilletes, representan al sistema que produce la esclavitud que forma parte de la institución Romana que sojuzga a la población de esa región de Gerasa”.

Detalla al respecto: “Este sujeto poseído de esos espíritus inmundos de rebeldía contra un sistema que oprime y esclaviza, representa hoy a los jóvenes expulsados por un sistema económico “legal” y que niega a las personas el derecho a una vida digna”.

Por esa razón, comenta don Raúl, los jóvenes de hoy, “llenos de ira contra un sistema injusto que los oprime, desfogan esta ira desde el narcotráfico que los contrata, que los incluye y les ofrece un pseudo progreso como sicarios, con un salario y una “identidad” desde donde manifiestan su odio hacia un sistema que les negó el derecho a existir”.

Refiriéndose a la corrupción afirma: “La violencia que vemos en estos grupos tiene su base en mexicanos que cooperan para “sustituir” con un régimen violento al régimen “legal” que no los tomó en cuenta”.

Siguiendo con el texto del evangelio, reflexiona en lo que hizo y sigue haciendo Jesús: “Él tiene una respuesta a quienes, como el endemoniado de Gerasa, recurren a Él con la esperanza de una liberación”.

A pesar de que –explica el obispo- el endemoniado se autodestruía y vivía en estos sepulcros, con una mentalidad desde el régimen de muerte que invadía su espíritu, que percibía en Jesús a un enemigo que llegaba a desbaratar esa miserable situación suya, pero que después de todo era para él un modo de existir, aunque no le agradara, aún así Jesús da la esperanza liberadora.

Sobre los espíritus inmundos de los que habla el Evangelio, el obispo de Saltillo comentó: “Jesús le pregunta cuántos son y responde que son una Legión, término que corresponde a la fuerza militar del sistema opresor romano, es decir, la fuerza militar con la que controlaban y dominaban a su pueblo”.

Explica: “Esto significa que aún cuando sean sus coterráneos los gírasenos los que lo encadenan y le ponen grilletes, quienes lo esclavizan, el autor de este sistema es el Imperio Romano, del que sus conciudadanos son solamente un instrumento, cómplice de ese sistema”.

Al continuar con el pasaje del evangelio, don Raúl comentó que “los espíritus inmundos pasan por orden de Jesús a la piara de cerdos que se tira al mar, lo cual significa que Jesús tiene poder para hundir al sistema pagano que humilla y esclaviza al hombre”.

Agregó: “Para un judío los paganos equivalían a los cerdos, animales que ni siquiera eran útiles a sustentar la vida pues su carne era repugnante. Para un judío los paganos no le ofrecían una alternativa de vida”.

Pero Jesús, también judío y el Salvador, les ofreció a los paganos otra alternativa.

“Al igual que a este pagano que poseía espíritus inmundos, a todos los paganos Jesús les viene a ofrecer otra alternativa de vida en la libertad y en el verdadero sentido de la vida humana”, remarca el obispo de Saltillo.

Sin embargo, no todos los paisanos de este endemoniado aceptan la liberación, al contrario, la ven como un “peligro”.

“Este modelo de vida que ofrece Jesús representa un peligro porque no saben valerse por sí mismos y no quieren hacer la prueba de un modelo alternativo de justicia y libertad”, afirmó don Raúl.

Es Jesús quien se valió de este endemoniado, pagano curado para ser su precursor, pues lo envió a “anunciar las maravillas que Dios ha realizado por él, para ser impulsor, desde el anuncio de la Buena Nueva, de esta nueva vida que Dios ofrece a los hombres y mujeres de este mundo”.

En este contexto, don Raúl Vera mencionó la Carta Pastoral de los Obispos mexicanos “Del Encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con todos”, escrita en marzo del 2000, en donde los obispos apostaron por un trabajo de la Iglesia para que “ este país recupere su condición de un Estado Nación”.

De un proyecto pastoral “que diera como resultado producir las condiciones de justicia y de paz, de solidaridad y convivencia armoniosa en México”.

Aseguro que para ello se requiere de una conversión pastoral y personal de obispos y de la Iglesia mexicana que busque una acción evangelizadora que transforme a las personas desde su interior y comprometa a transformar el ambiente social, con nuevas estructuras que funcionen con los criterios del respeto a la integridad de la persona humana y sus derechos.

Hizo énfasis en que “mientras en México vivamos en un situación violenta, producida en gran parte por los grupos del crimen organizado, no podemos desconocer que esto proviene de la enorme desigualdad en la que estamos sumidos, y una desigualdad que no encontrará solución mientras el Estado no asuma su responsabilidad con la justicia, rompiendo con los altos grados de impunidad en los que transcurre actualmente la vida social de este pueblo”.

Dijo del deterioro que se vive en el país a raíz “del sistema económico que hemos asumido y que pone solamente su atención a la multiplicación del gran capital y a los indicadores macroeconómicos que sustentan una economía global”.

Citó también la Encíclica “Caritas in Veritate”, donde el Papa Benedicto XVI acentúa que “mientras se entienda la economía como la aplicación de un conjunto de técnicas para mantener la producción de riqueza y la institución política no asuma su responsabilidad de redistribuir la riqueza producida y moderar las operaciones financieras, pero también en la sociedad civil no se den los procesos de un intercambio comercial que tenga las cualidades de la gratuidad y la solidaridad con el semejante, no podremos corregir el sistema económico que produce los procesos sociales de deterioro que estamos viviendo”

Adjuntó: “Se hace necesaria la intervención de estos tres niveles, imbuidos de una dimensión humanista para poder restaurar el día de hoy a nivel local e internacional un orden justo”.

Dijo también que “estos procesos de desigualdad inducidos por la ambición y el egoísmo han dado origen a un incremento de la integración de muchas personas al crimen del narcotráfico, en la producción de la droga, en su transportación, en su distribución y venta”.

Hizo hincapié que “no solamente en los estratos pobres, sino en los estratos políticos, empresariales y financieros, ansiosos de un enriquecimiento fácil y rápido, inducido por los niveles de lujo exhorbitado que se producen desde una visión falsa de la felicidad verdadera”.

Aceptó que la Iglesia tiene mucho qué hacer para llegar al corazón del ser humano.

“Tenemos que trabajar denodadamente para abrir la mente y el corazón del ser humano a horizontes más acordes con la dignidad que tiene desde su condición de creatura que salió de las manos de Dios, para construir su vida personal y social de manera que se garantice a todos y todas la supervivencia en la paz y el amor en este mundo, que de otra manera seguiremos destruyendo”.