| Usabiaga: Promotor de los laicos en la Iglesia | |
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Mensaje de Fray Raúl Vera López, ante la muerte del padre Antonio Usabiaga
Ante la imposibilidad de hacerlo físicamente, quiero, por medio de estas palabras, hacerme presente en el funeral de mi querido hermano, el padre Antonio Usabiaga.
El Padre Antonio Usabiaga nos deja una herencia muy preciosa, que es su amor e interés por la promoción de los laicos en la Iglesia, esto dentro de una de las líneas maestras que nos ha marcado la reflexión Teológico-Pastoral del Concilio Ecuménico Vaticano II, del cual fue el Padre Usabiaga un entusiasta promotor para que en la Diócesis se aplicara plenamente, sobre todo en el aspecto de dar en la comunidad eclesial su lugar a los laicos y a las laicas.
El ISER, que para él ha sido la obra más preciada que inició y fomentó en la Diócesis, fue hasta el final de su vida su más seria y profunda preocupación. La Diócesis de Saltillo la acoge y la seguirá promoviendo, porque en la eclesiología conciliar los laicos y las laicas son quienes tienen el papel de contribuir a la instauración del Reino de Dios en el mundo.
En efecto, la Iglesia se ha descrito a sí misma en el Concilio Vaticano II como servidora de la entera familia humana. Ha recuperado su dimensión misionera en el mundo, se ha querido despojar de una visión narcisista, que la puede poner en riesgo de entender que ella tiene una finalidad para sí misma. Jesucristo constituyó a su comunidad la Iglesia para, ponerse por medio de ella al servicio de la humanidad entera. Si quiere ser fiel a su fundador, tiene que trabajar por la transformación de las estructuras de violencia y de explotación del ser humano, en estructuras que promuevan la paz y en amor entre los hombres y mujeres que pueblan la tierra.
Esta tarea que Jesús le asigna a la Iglesia corresponde de manera predominante a los laicos y a las laicas, pues ellos y ellas se encuentran dentro de las estructuras sociales y están llamados y llamadas a ser fermento de una nueva sociedad, donde se respete plenamente la dignidad humana. Son llamados y llamadas a ayudar a que el quehacer político sea auténticamente un servicio al bien del comunidad social, a que las instituciones empresariales y financieras promuevan, junto con el Estado, una distribución equitativa de la riqueza, para que lleguemos a ser una sociedad justa y solidaria, que tenga especial cuidado de los pobres, incorporándolos como sujetos en la construcción del mundo. A los laicos y a las laicas compete la tarea de la evangelización de la cultura a través de la familia y de la educación formal e informal; deben ayudar a que de manera honesta y responsable, dentro de los límites éticos, los medios de comunicación social se pongan al servicio de la verdad y de la vida, de la libertad, de la justicia y de la paz.
La Diócesis de Saltillo no solamente quiere cosechar los frutos de todo lo que el Padre Usabiaga ha sembrado en el corazón de los laicos y las laicas, sino que desea continuar su obra dentro del Plan de Renovación Espiritual y Pastoral de la Diócesis, que de manera decidida incorpora a los laicos y las laicas en la construcción y toma de las decisiones, en la elaboración y aplicación de las estrategias que nos lleven a aplicar en la práctica pastoral las decisiones tomadas, lo que exige una intensa y seria formación de ellos y ellas.
Me uno a los sentimientos de dolor de sus familiares y de las muchas personas que le han querido tanto y han trabajado arduamente a su lado. Para la comunidad diocesana su muerte es una gran pérdida, pues siempre ha sido para nosotros un referente muy válido de esfuerzo y tenacidad para vivir en el modelo de la Iglesia del Concilio Ecuménico Vaticano II.
Junto con todas y todos ustedes, pongo en mi oración ante Dios al Padre Antonio Usabiaga, para que premie su celo pastoral. Aplico la Eucaristía y abundantes oraciones en sufragio de su alma, para que el Padre Misericordioso lo reciba en su casa, como Cristo nos lo ha prometido a través de su hermosa parábola del Hijo Pródigo (Cf. Lc 15,11-32). Que descanse en Paz el muy recordado y querido Padre Usabiaga.
Saltillo, Coah., 26 de enero de 2010
Fr. Raúl Vera López, O.P.
Obispo de Saltillo
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