Jueves, 11 Marzo 2010
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Se recupera la libertad cuando Jesús entra al corazón
Domingo, 06 de Septiembre de 2009 00:00   

Es necesario abrir los oídos para escuchar la Buena Nueva de Jesús y que entre “a nuestro corazón, de esta manera, nos preocuparemos por los demás”.

Lo anterior lo dijo Fray Raúl Vera López, Obispo de Saltillo, en la homilía del domingo 6 de septiembre en Catedral.

“El evangelio de hoy nos presenta a la persona que Jesús le abre los oídos para que escuche; también nosotros como cristianos debemos estar abiertos a escuchar otras cosas; tal vez escuchemos unas negativas, pero si nos quedamos en ellas, vamos a vivir quejándonos siempre”, afirmó.

Invitó a un cambio de mentalidad, a iniciar procesos de conversión a través del conocimiento de Jesús “que me da la posibilidad de querer ser diferente y ese es el poder de quienes tienen fe en él”.

Sugirió leer y escuchar la Palabra de Dios en grupos y hacer un cambio de vida para “poner la confianza en él”.

Admitió que el hombre perverso “no tiene futuro”, así como explicó, en el contexto del evangelio del domingo, que la mentalidad de los gerasenos era “aceptar el sistema que les permitía medio vivir”, en donde el endemoniado se golpeaba con grilletes y cadenas, sin embargo, Jesús, al curarlo, le devolvió la libertad.

Además, cuando “dejamos entrar a Jesús en nuestro corazón, nos empezamos a preocupar por los demás y cambiar mentalidades para no hacer distinciones hacia las personas que valen por igual: indigentes, migrantes, obreros”.

Contexto del sordomudo

En un pasaje anterior al que presentó la Iglesia este domingo, Jesús curó a un endemoniado en Gerasa, quien rompía los grilletes y cadenas y se golpeaba;

Jesús lo curó y cuando llegaron sus paisanos y les platicaba lo que Jesús había hecho, los gerasenos le dijeron a Jesús que se fuera de ahí; el endemoniado se quería ir con Jesús pero él le dijo que no, que se quedara y anunciara las maravillas.

Después de un tiempo, regresó a esa zona y ya no lo corrieron por el trabajo que había hecho el endemoniado, un trabajo donde “generó una nueva mentalidad hacia Jesús”; los habitantes le llevaban enfermos, entre ellos el sordomudo, a quien Jesús con su saliva le tocó la lengua; decían los judíos que la saliva era el aliento que se condensaba en forma de líquido y así el sordo empezó a hablar.

Fue a través del endemoniado curado, quien se convirtió en apóstol, en que los habitantes se dieron cuenta que había llegado la liberación para ellos.

Don Raúl explicó el contexto del endemoniado: “ Vimos a una persona dañada, atormentada por espíritus inmundos, una persona que lo único que ha tenido son grilletes y cadenas”.

Esa persona, comentó don Raúl, “representa a la esclavitud pagana, es el furor de una sociedad maltratada, es víctima de un sistema, está paralizada, vive sólo en la muerte, en medio de los sepulcros”.

Agregó: “Cuando Jesús llega y lo toca empieza a ser paulatinamente un sujeto, a pensar en el ser humano libre, hacia una posibilidad de una vida distinta; Jesús le hacer ver el poder de Dios, le hace ver hacia arriba”.

Es así como este geraseno sale de sí mismo e inicia una vida libre y si “nosotros vivimos solos y en sepulcros acabamos derrotados; en cambio, si pensamos en Jesús y hacemos actos generosos los frutos van a ser diferentes”.

Jesús encuentra a su regreso el trabajo del geraseno porque él les platicó quien lo curó y ahora hasta le llevan enfermos de la misma región, se da cuenta que todas las personas valen ante Dios, que hay que caminar juntos.

“Tenemos que trabajar y caminar juntos para hacer un país diferente”, dijo don Raúl.

Mencionó que la salvación del país está ahora en personas que “están endemoniadas”, y no es así “como vamos a salir de esto”, sino en poner la esperanza en “Jesús que viene”.

Conminó a quienes acuden a Misa a no participar sólo por monotonía en los ritos, sino a “crecer en todo aquello que Jesús nos regala y que empieza a moverse como Dios lo quiere”.

“Esta es la Buena Noticia, ser pescadores de seres humanos. El cristiano debe invita a este proyecto de vida verdadera”.