| Peregrinaron fieles de la diócesis | |
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El amor a la Morenita del Tepeyac fue el motivo más grande para quienes participaron en la peregrinación anual de la Diócesis de Saltillo a la Basílica de Guadalupe el pasado 8 de Julio.
Es lo que dijo Guillermo, quien tiene más de 50 años participando en dicha peregrinación.
“Primero mi papá me traía a mí cuando yo estaba chiquito; después yo lo traía a él cuando estaba enfermo”, comparte quien desde Parras de la Fuente se unió a esta experiencia de fe.
Igual pasó con Manuel, miembro del Santuario de Guadalupe, fiel devoto de la Virgen Morena, por lo que anualmente se encarga de organizar el grupo que acude de ese templo ubicado en Monclova.
Por su parte Francisco no participa en ninguna comunidad de Saltillo, pero reconoce que el amor a la Virgen lo motivó para ir a verla al Distrito Federal.
Acudieron también a la peregrinación jóvenes de Frontera como parte de la comitiva diocesana; así como familias mineras de Hércules, municipio del Estado de Coahuila.
Fue así que el contingente sumó más de mil creyentes de municipios que abarcan la diócesis como Monclova, Frontera, Parras de la Fuente, Hércules y de la misma capital, Saltillo; así como 15 sacerdotes, entre ellos el vicario general padre Gerardo Escareño, el vicario de pastoral padre Francisco Javier Rodríguez.
A las 10:00 de la mañana se inició la peregrinaron en Peralvillo y se caminó por la Calzada de los Misterios hasta llegar a las 12:00 del mediodía a la Basílica de Guadalupe, en donde los recibió Fray Raúl Vera López, pastor de la iglesia local.
En el atrio don Raúl Vera se acercó a los fieles a quienes acogió con un saludo y agua bendita para, posteriormente, iniciar la Eucaristía.
Fue a ellos principalmente a quienes dirigió la homilía, un mensaje en donde resaltó la misión evangelizadora de María ante el pueblo judío, un pueblo machista que discriminaba a la mujer.
A pesar de eso, dijo el obispo, “María no tuvo impedimento para descubrir la libertad con la que ponía su mirada y su corazón en Dios”.
Continuó: “Ella tenía puesta su esperanza en la liberación anunciada por ellos mismos, a través del Mesías, para establecer la justicia y el derecho en la tierra”.
Relacionó la predilección de Dios hacia los humillados y humilladas, en este caso María, y, en la actualidad tantas personas que emigran para buscar una vida mejor, tantos pobres que no tienen qué comer o qué vestir y en dónde dormir por la ambición desmedida del poder de unos cuantos.
Denunció el desorden social que existe en México, desde los políticos con los pactos de corrupción que hacen hasta los pastores de la Iglesia que callan ante las injusticias que se viven.
Y aunque la situación que vivió la Virgen María en su tiempo tiene similitud con la actual, María “supo levantar su mirada a Dios”.
Fue así que el obispo hizo una invitación a poner la mirada en Dios animados por el Espíritu Santo y “leamos en su corazón cómo es el mundo que Él quiere para sus hijos, cómo es la sociedad que Él desea que construyamos, a nivel local, nacional y universal; cómo el ser humano, hombre y mujer, creado a imagen de Dios, es quienes debemos colaborar a edificar por medio de nuestro trabajo evangelizador”.
Exhortó a los fieles para trabajar “en el nombre de Dios” y que se lleve a cabo la misión a través “del Plan Diocesano de Renovación Espiritual y Pastoral con el que empezaremos a caminar, Dios mediante, al comienzo del próximo año”.
Finalmente puso en las manos de la Morenita “los trabajos y la vida de nuestra diócesis, la vida de todos los coahuilenses, la vida de nuestra Nación y la vida de quienes recorremos la historia desde esta región del mundo que es el Continente Americano”.
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