Esta semana Mons. Fray Raúl Vera, O.P. estuvo en Roma por asuntos diocesanos, pero también pasó por Viena, para participar en algunos eventos de Derechos Humanos, y ecribio brevemente el siguiente texto.
Todos coincidimos en condenar un sistema económico que se sirve de las ventajas que ofrece la globalización para mantener un sistema carente de ética y violatorio de los derechos humanos, que ha favorecido sólo a los que más tienen y causado mucho daño a los pobres. Es un sistema que no ha ayudado al desarrollo ni a la seguridad de los pueblos, dos condiciones para que un sistema económico sea válido. Concretamente he propuesto que el modo de modificar este sistema debe salir de los países pobres, en donde se conservan valores humanos que no están presentes en los grupos poderosos de la tierra que mantienen este sistema del libre mercado en donde hay ambición por el dinero en abundancia y desvalorización del trabajo humano y de la dignidad de la persona que lo realiza y por ende, explotación de ella para la acumulación del dinero por parte de quien la contrata, sin ofrecerle progreso ni bienestar al trabajador.
Señalé también la importancia de popularizar el conocimiento de los derechos humanos, para darle de este modo un marco ético a las naciones desde la base social, pues tanto en el ambiente político como en el financiero, los valores que deben dar los referentes éticos a los Estados-Nación, no existen; es más, en un mundo en donde las reglas del mercado se convierten en la norma suprema, el Estado y la Nación, han perdido su significado, ahora sólo hay comercio y ganancia, no hay justicia, no hay libertad, no hay paz para los ciudadanos, todos sus derechos son sacrificados a favor de la eficiencia del mercado.
Los latinoamericanos somos un signo de esperanza para la Iglesia y para el mundo. Me impresionó a mi personalmente que creen en nuestra capacidad como iglesia latina, para realizar una pastoral viva y eficaz. La generalidad en el panel y en Viena es que la gente quiere ver otro tipo de pastoral en la Iglesia, más cercana al pueblo, interesada en la justicia y en el trabajo de defensa de los derechos humanos. Una Iglesia que promueva un cambio en el mundo globalizado e injusto, quieren conocer más la teología latinoamericana que nos invita a ello.